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En pleno corazón de Europa, la República Checa brinda al visitante la oportunidad de aunar en su territorio la historia, la cultura, el arte y los espectaculares paisajes de montaña.

Es un escenario natural, de cambiantes paisajes, con torres y castillos históricos entre frondosos bosques y donde la fe religiosa ha recobrado su protagonismo. Y es un destino turístico de primer orden desde que en 1990 la política hizo historia al normalizar la tensión Este-Oeste, en el que hallará suficientes atractivos para satisfacer todas las expectativas.

IDIOMA: Checo
MONEDA: Corona.
SUPERFICIE: 78.866km2
POBLACIÓN: 10.250.000
CAPITAL: Praga.
PRINCIPALES CIUDADES:

Brno,Ostrava,Plzn,Ceské Budejovice, Karlovy Vary.
RÉGIMEN POLÍTICO: República
RELIGIÓN: Católica y Protestante
CLIMA:

Continental, veranos templados a calurosos e inviernos fríos con nieve.
GASTRONOMÍA:
La influencia de varias culturas que han pasado por el país, como la del Imperio Austro-Húngaro, da origen al Escalope con ensalada de patata o el Goulash. Son tradicionales el jamón de Praga (Prazska Sunka), la Sopa de patata (Branvorosa), la pasta (Halusky), la carpa (Kapr), las tostadas cruzadas (Mazance), el queso frito (Smazeny Syr), las tartas de Valaquía (Frgály) y las de Chodsko, en la Bohemia del Sur. Es famoso el licor digestivo (Becherovaka), el de ciruelas (Silvovice) y, cómo no, su extraordinaria cerveza (Pivo).
COMPRAS:
El afamado Cristal de Bohemia, instrumentos musicales, granates, CD’s de música clásica. Antigüedades (es necesario justificar la legalidad de la adquisición a la salida de el país), bisutería de Sablonec, ... Debe guardar todos los recibos de compras y cambios de moneda.

 

Praga, la Capital:
Edificios históricos, museos, galerías y espectáculos de música clásica, nos brindan mil oportunidades de sumergirnos en tan singular país. Praga reúne novecientos años de arquitectura; los estilos románico, gótico, renacentista, barroco, y sus adaptaciones decimonónicas y el Art Nouveau se yuxtaponen y mantienen intactos tras las guerras del siglo XX. Declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, nos ofrece:

El Castillo de Praga (Prazsky Hrad), el núcleo sobre el que nació la ciudad, con la Catedral de San Vito y el Palacio Real Viejo, lugar en el se inicio el foco de la Guerra de los 30 Años, tras la defenestración de los nobles.

Mala-Strana, literalmente el “Pequeño Barrio”, con hermosos palacetes en estilo barroco, como el de Wallanstein, general de la Guerra de los 30 Años,que traicionó a propios y extraños, cambiando repetidas veces de bando, o iglesias como la de San Nicolás.

La Ciudad Vieja (Stare Miesto) donde se halla el Ayuntamiento Viejo y su famoso Reloj Astronómico, de 1410, aún en servicio, cuyo constructor fue cegado por orden del rey Wenceslao IV, según la leyenda, para que no pudiera repetir otra obra similar. Acuda a tiempo de ver y oir las campanadas cada hora, no lejos del mo- numento al reformista Jan Huss, quemado en la hoguera en 1415.

 

El Barrio Judío (Josefov), con la Sinagoga Staronova, la más antigua de Europa (1270), los cementerios judíos y la inseparable leyenda del Golem,cuando en 1580 fue creado por el rabino Yehudah Loew ben Bezalel, sirviéndose de la Kábala.

La Ciudad Nueva (Nove Miesto) con la Plaza de Wenceslao como centro neurálgico y el Museo Nacional, fundado por Kaspar Maria, conde de Stemberg, a finales del siglo XVIII.

El Puente de Carlos (Karluv Most), 520m de longitud para unir las dos orillas del Moldava (Vltava), la de Staré Mesto y la de Mala-Strana, con sus famosas estatuas, entre las que destacan la de San Juan de Nepomuceno.

También destacan la Torre de la Pólvora, la Iglesia de Nª Sra de Tynn, el Convento de Loreto y su tesoro, la Calle del Oro (Zlatnicka Ulicka), los Museos de Literatura Checa (en el Monasterio Strahov) o el Histórico-Militar (en el palacio Schwarzenberger- Lobkowitz).

Para descansar de tanto que ver, entre en una de sus cervecerías, a la altura de las muniquesas, y saboree cualquier cerveza checa, consideradas entre las mejores del mundo.

 

No te lo puedes perder:
  El Ayuntamiento Viejo y Reloj astronómico.
 
El Castillo de Praga.
 
El Puente de Carlos y el Moldava.
 
Barrio de Mala-Strana.
 
Visitar una cervecería.
 
Oir un concierto de música clásica o de jazz.

 

Karlovy Vary:
Fundada hacia 1350, alcanzó fama por las casi cien fuentes termales con efectos curativos de las que hoy se usan unas 12.

 

Esto atrajo a las casas reales y, por ello, la ciudad conserva su elegancia entre jardines, edificios y esculturas.

 

Destacan las iglesias de San Andrés, la ortodoxa de San Pedro y San Pablo, el Teatro Municipal, el Paseo del Molino y la catedral de Santa María Magdalena.

 

Además Karlovy Vary está relacionada con la tradicional producción de cristal y porcelana, sus festivales y conciertos y, desde hace dos siglos, con la producción del famoso licor de hierba Becherovka.

Cesky Krumlov:
La segunda ciudad mejor preservada de Bohemia, después de Praga, y Patrimonio de la Humanidad.

 

Construida en un meandro del Moldava, casi circular, fue la residencia de los Rosenberg durante 300 años. Su principal hito es el Castillo de Zámeck, complejo compuesto por más de 40 edificios históricos, con el único teatro Barroco con equipamiento y maquinaria original.

 

Al pié del castillo se hallan la Plaza de la Concordia, el Ayuntamiento y la iglesia de San Vito, enmarcados en una atmósfera medieval en la que perviven casas de estilo gótico y Renacimiento.

 

Ceské Budejovice (o Budweis):
Preciosa ciudad del s.XIII, de edificios renacentistas y barrocos:

 

Plaza de Otakar II y su interesante Ayuntamiento, la Torre Negra y Catedral de San Nicolás; iglesia de los Dominicos, el Teatro y Museo de Bohemia y,cómo no, la fábrica de cerveza Budweiser.

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