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Praga, la Capital:
Edificios históricos, museos, galerías y
espectáculos de música clásica, nos brindan mil
oportunidades de sumergirnos en tan singular país.
Praga reúne novecientos años de arquitectura; los
estilos románico, gótico, renacentista, barroco, y
sus adaptaciones decimonónicas y el Art Nouveau se
yuxtaponen y mantienen intactos tras las guerras del
siglo XX. Declarada por la UNESCO Patrimonio de la
Humanidad, nos ofrece:
El Castillo de Praga (Prazsky Hrad), el núcleo sobre
el que nació la ciudad, con la Catedral de San Vito
y el Palacio Real Viejo, lugar en el se inicio el
foco de la Guerra de los 30 Años, tras la
defenestración de los nobles.
Mala-Strana, literalmente el “Pequeño Barrio”, con
hermosos palacetes en estilo barroco, como el de
Wallanstein, general de la Guerra de los 30 Años,que
traicionó a propios y extraños, cambiando repetidas
veces de bando, o iglesias como la de San Nicolás.
La Ciudad Vieja (Stare Miesto) donde se halla el
Ayuntamiento Viejo y su famoso Reloj Astronómico, de
1410, aún en servicio, cuyo constructor fue cegado
por orden del rey Wenceslao IV, según la leyenda,
para que no pudiera repetir otra obra similar. Acuda
a tiempo de ver y oir las campanadas cada hora, no
lejos del mo- numento al reformista Jan Huss,
quemado en la hoguera en 1415.
El Barrio Judío (Josefov), con
la Sinagoga Staronova, la más antigua de Europa
(1270), los cementerios judíos y la inseparable
leyenda del Golem,cuando en 1580 fue creado por el
rabino Yehudah Loew ben Bezalel, sirviéndose de la
Kábala.
La Ciudad Nueva (Nove Miesto) con la Plaza de
Wenceslao como centro neurálgico y el Museo
Nacional, fundado por Kaspar Maria, conde de
Stemberg, a finales del siglo XVIII.
El Puente de Carlos (Karluv Most), 520m de longitud
para unir las dos orillas del Moldava (Vltava), la
de Staré Mesto y la de Mala-Strana, con sus famosas
estatuas, entre las que destacan la de San Juan de
Nepomuceno.
También destacan la Torre de la Pólvora, la Iglesia
de Nª Sra de Tynn, el Convento de Loreto y su
tesoro, la Calle del Oro (Zlatnicka Ulicka), los
Museos de Literatura Checa (en el Monasterio Strahov)
o el Histórico-Militar (en el palacio
Schwarzenberger- Lobkowitz). |
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Para descansar de tanto que
ver, entre en una de sus cervecerías, a la altura de
las muniquesas, y saboree cualquier cerveza checa,
consideradas entre las mejores del mundo.
No te lo puedes perder:
•
El Ayuntamiento Viejo y Reloj astronómico.
•
El Castillo de Praga.
•
El Puente de Carlos y el Moldava.
•
Barrio de Mala-Strana.
•
Visitar una cervecería.
•
Oir un concierto de música clásica o de jazz.
Karlovy Vary:
Fundada hacia 1350, alcanzó fama por las
casi cien fuentes termales con efectos curativos de
las que hoy se usan unas 12.
Esto atrajo a las casas reales
y, por ello, la ciudad conserva su elegancia entre
jardines, edificios y esculturas.
Destacan las iglesias de San
Andrés, la ortodoxa de San Pedro y San Pablo, el
Teatro Municipal, el Paseo del Molino y la catedral
de Santa María Magdalena.
Además Karlovy Vary está
relacionada con la tradicional producción de cristal
y porcelana, sus festivales y conciertos y, desde
hace dos siglos, con la producción del famoso licor
de hierba Becherovka.
Cesky Krumlov:
La segunda ciudad mejor preservada de Bohemia,
después de Praga, y Patrimonio de la Humanidad.
Construida en un meandro del
Moldava, casi circular, fue la residencia de los
Rosenberg durante 300 años. Su principal hito es el
Castillo de Zámeck, complejo compuesto por más de 40
edificios históricos, con el único teatro Barroco
con equipamiento y maquinaria original.
Al pié del castillo se hallan
la Plaza de la Concordia, el Ayuntamiento y la
iglesia de San Vito, enmarcados en una atmósfera
medieval en la que perviven casas de estilo gótico y
Renacimiento.
Ceské Budejovice (o
Budweis):
Preciosa ciudad del s.XIII, de edificios
renacentistas y barrocos:
Plaza de Otakar II y su
interesante Ayuntamiento, la Torre Negra y Catedral
de San Nicolás; iglesia de los Dominicos, el Teatro
y Museo de Bohemia y,cómo no, la fábrica de cerveza
Budweiser. |